Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Aníbal Barca

Fue uno de los grandes personajes que no sólo pasaron por Cádiz, sino que además se puede decir que fue vecino de la villa
OCádizDigital
7/07/2017
Cádiz

La relación de la ciudad de Cádiz con personajes que han sido relevantes en la historia universal es curiosa y profusa. Los periodos de esplendor de la ciudad coinciden con la visita de estas figuras relevantes. En diferentes siglos coincidieron en Cádiz desde Lord Byron a Cristóbal Colón, desde Posidonio de Apamea --descubridor del origen de las mareas-- a Cayo Julio Cesar, del que se cuenta que lloró amargamente ante la estatua de Alejandro Magno que había en el Templo de Melkart en Sancti Petri, al ver que lo que había conseguido el general macedonio con mucha menos edad que el “Divino Julio”, que ya iba tarde en su cursus honorum. Ese mismo templo para más inri fue el que visitó Posidonio para estudiar los pozos de marea que le dieron la pista para sus descubrimientos.

Pues uno de esos grandes personajes que no sólo pasaron por Cádiz, sino que además se puede decir que fue vecino de esta villa, fue Aníbal Barca.

Hijo de una estirpe mítica púnica, Aníbal pertenecía a los fenicios de Cartago que durante mucho tiempo se asentaron en Gadir, como base en la península, para  desde ella dominar y conquistar las tribus íberas que le proporcionarían riquezas y estaño para armas. Y ahí chocan con Roma.

Criado en la selecta familia de los Bárcidas  y de madre íbera, siempre escuchó en el seno de su clan la repetida letanía que clamaba muerte a los romanos, los cuales inflingieron una deshonrosa derrota.  Y en cuanto pudo, se presentó a los pies de su padre Amílcar Barca para formarse como persona y militar. Esto lo hizo en su periodo de juventud. Y parece que lo hizo en Gadir, donde pasó su adolescencia.

Cuenta Tito Livio que cuando fue a ver a su padre y le rogó acompañarlo, éste aceptó con la condición de que jurase que jamás sería amigo de Roma con sólo 11 años. Otros historiadores describen que directamente juró “que en cuanto la edad me lo permita [...] emplearé el fuego y el hierro para romper el destino de Roma”. Y eso lo hizo en Cádiz.

El odio fue mutuo. Roma nunca olvidó que su majestuosa civilización estuvo a punto de perderse cuando se apostó a las puertas Aníbal con sus elefantes (no tantos como se creen). Tanto fue así que durante muchísimos años después de que Roma esparciese sal por las ruinas de Cartago, Catón el Viejo seguía terminando sus discursos con Carthago delenda est , Cartago debe ser destruida. Por si se olvidaba que la victoria se celebra con la extinción total del enemigo.

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