Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Cuando el tango gaditano dejó su semilla musical en Argentina

Los tangos de carnaval de la agrupación gaditana “Las Viejas Ricas”, interpretados en su viaje de 1889 por Montevideo y Buenos Aires, inspiró a Ángel Villoldo, padre del tango argentino, para sus futuras creaciones, según recoge la magnífica obra “Cádiz, cuna de dos cantes” de Javier Osuna
Manolo Sanchez
20/10/2017
Cádiz

Que el Carnaval es un éxito meramente gaditano, traspasa fronteras y consigue triunfos por donde quiera que va es algo notorio y que nadie pone en duda. Lo que si se pone en duda es cuándo inicio ese proceso.

El público general cree que los medios de difusión son los que le dieron el auge generalista que tiene hoy. Y es así en parte. Indudablemente la televisión y los medios de comunicación de masas han contribuido enormemente. Pero el éxito deviene de su calidad y del hecho de ser un folklore universal. Porque como decía Chejov “para ser universal hay que hablar desde la aldea”. Es decir, lo que te pasa a ti en tu día a día ocurre en todo el mundo.

“Las Viejas Ricas”, la agrupación de Antonio el del Lunar y Pedro Roldán, provocó uno de los mayores temblores que se recuerdan en el mundo del carnaval. Tanto que trascendió a otros géneros. Se vistieron con unos disfraces graciosamente ataviados de conchas y otros artefactos para hacer música y tuvieron desde su creación (1884 se sugiere) un éxito atronador. Tanto es así que desde Sevilla se requiere su presencia permanente para trabajar en los cafés cantantes. Incluso les salen imitadores que reproducen su obra allí mismo y también lo copian en Sevilla a su manera en “Las niñas garateras de Sevilla”. Las crónicas refieren que sus tipos eran exquisitos (todo lo contrario al concepto esperpéntico y humorístico gaditano) y al tiempo se les requiere que adecenten y renueven un repertorio que no estaba a la altura de la gracia de los de Cádiz.

En Sevilla, Las Viejas Ricas se cubren de gloria de tal manera que el padre del Flamenco Silverio Franconetti les pide que actúen en su café con un nuevo tipo y repertorio (de monos) que a la vez exhiben en los escaparates de los mejores comercios. Su éxito ya es notorio en Madrid a través de la prensa.

En 1889 dan el salto a Montevideo y Buenos Aires (mucho antes que La gaditana que se va). En el elenco que viajó en el vapor hacia América además de otras disciplinas artísticas también va un cuadro flamenco. Las crónicas periodísticas nos cuentan que la vuelta estuvo llena de honores para los carnavaleros, mientras que el fracaso de los flamencos fue rotundo, en una tierra que ni los conocía ni los reconocía. Allí dejaron una semilla. La del tango de carnaval. Un tango que se incorporó a su vuelta a los repertorios flamencos y se hizo palo y que en Montevideo sirvió para que sus letras se incorporasen también al corpus incipiente del tango porteño. Ángel Villoldo, padre del tango argentino no dudo en esto y tangos como el de “La bicicleta”, famosos en Argentina, son composiciones de Antonio Rodríguez, el Tío de la Tiza.

Una explosión que demuestra que este arte ya se reconocía artísticamente, económicamente y musicalmente en una gran parte del mundo. Y no estaba la tele.

Por cierto, toda esta información no sería posible si no fuera por Javier Osuna, incansable y genial investigador gaditano que desparramó todo su saber en la magnífica obra “Cádiz, cuna de dos cantes” de Quorum Editores.

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