Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El estrafalario inglés de Cádiz que blandió la espada de Francisco Pizarro

John Downie fue un llamativo personaje, que durante el sitio a la ciudad por los franceses arrastraba un espíritu cómico y surrealista relatado por Benito Perez Galdós, y que protagonizó algún episodio delirante durante la Guerra de Independencia
Manolo Sánchez
26/01/2018
Cádiz

El condado escocés de Stirling vio nacer a John Downie en el seno de una familia de rancio abolengo. Debido a problemas económicos, John Downie ingresa en el ejercito inglés para hacer fortuna y pasa a las órdenes del duque de Wellington en la España del asedio.

Downie fue un personaje pintoresco, de esos que pululaban por la Cádiz del asedio y que tanto florecieron en una época que dio perfiles y personajes para todos los gustos. Mas cerca de Don Quijote que de Wellington, dio que hablar en la ciudad.

Una vez estuvo en España, creó un ejercito particular de 3000 extremeños al que llamó la Leal Legión Extremeña. Lo hizo porque no quería rendir cuentas a nadie de lo que hacía en la guerra. Ni de lo heroico, ni de lo cómico. No eran una milicia mercenaria. Ni tampoco un ejército regular.

Porque Downie se granjeó en la Cádiz de la época un espíritu cómico y surrealista. Benito Perez Galdós afirma en sus Episodios Nacionales que vestía “a la manera de los de carnaval”, “con unos pantalones a la turquesca, atacados a la rodilla, jubón amarillo y capa corta encarnada o herreruelo, calzas negras, sombrero de plumas como el de los alguaciles de la plaza de toros y en el cinto un tremendo chafarote” que hacía un ruido al andar que parecía que lo hiciese con tres pies. Pero además impuso y pagó de su bolsillo un uniforme a la manera de Carlos V. Como si hoy en Irak apareciesen un ejercito de samurais.

En 1810 la marquesa de Conquista le regala la espada auténtica que blandiera en su día el conquistador Francisco Pizarro.

Y con ella se presentó el 27 de agosto de 1812 en el Puente de Triana para tomar Sevilla de manos francesas, cuando el invasor veía que España no iba a ser conquistada y la retirada era inminente. Allí Downie ataca en solitario por un hueco del puente, y es herido y tirado del caballo siendo hecho prisionero e intercambiado por 190 franceses mas tarde.

Pero cuando el mariscal Soult ve asombrado que le atacaban unos militares ataviados como guerreros de tres siglos atrás, pensó estupefacto que le atacaban “unos cómicos españoles”, como expresó literalmente años después y recogió el capitán británico William Webber en sus memorias.

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