Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

El teatro de Tofiño

El afamado marino y cosmógrafo español de origen gaditano del siglo XVIII hace constar en sus memorias los sillares que se observaban en la Academia de Guardias Marinas, antiguo castillo de Cádiz, y que posiblemente fueran construidos por romanos. Jamás sospechó que hablaba de los restos del mítico teatro romano de Gades.
Manuel Sánchez
12/05/2017
Cádiz

La desmemoria de nuestra historia es una carencia que, a día de hoy, sigue dando motivos para discusiones inútiles en barras de bares o tertulias de trabajo. Y es que el peligro no sólo radica en el olvido de la realidad de nuestro ADN. Si no, además, la desmemoria se adueña del pasado de tal manera que, aunque no pueda cambiar lo que ocurrió, lo sepulta como si no hubiera ocurrido jamás. Lo desintegra.

La llegada de la Edad Media, entendida desde el fin del Imperio Romano de Occidente, y el señorío que el cristianismo impuso sobre las ruinas de la mismísima “ciudad eterna” enterró siglos y siglos de cultura clásica, de Ovidios, de Homeros, de Aristóteles y Platones y tantos otros maestros. Como si no hubieran existido. Fueron los siglos oscuros.

Es por eso que cuando los árabes se van de Cádiz, en las ruinas de lo que fue el castillo de la Villa y que más tarde sería la Academia de Guardias Marinas, una torre recibía el nombre de la “Torre del Malabar”. La torre del Teatro.

Pero nadie alcanzaba a saber por qué le llamaron a una torre “la del teatro”. Tanto fue así que tuvieron que tirar Vigorito para encontrar la explicación del teatro romano más grande de Hispania y de un estilo tan fuera de lo común para la época que era retratado en los frescos de los palatinos mas importantes de la Roma Imperial. Aquí su memoria había desaparecido. No existió jamás. Ni siquiera para el Almirante Tofiño.

Vicente Tofiño de San Miguel (Cádiz 1732- San Fernando 1795) fue un marino y cosmógrafo español que entre sus muchas aportaciones al conocimiento marítimo español, fue maestro y director de la Academia de Guardias Marinas de Cádiz y realizó el proyecto inicial del edificio.

Tofiño argumenta en sus diarios, que aún se conservan en el Real Observatorio de San Fernando, que el Castillo de la Villa fue construido por musulmanes y después remodelado por Alfonso X. Pero dejando volar la mente, en una de esas silenciosas y negras guardias en el castillo en las que su mente posaba su mirada fija , nos cuenta que observa grandes sillares de piedra. Sillares que posiblemente fueran construidos por romanos. Pero da los datos como una incógnita. Y esto eran las reflexiones de una mente preclara e ilustrada, orgullo de la marina española. Una mente que ignoraba que nuestra ciudad fue testigo directo en el devenir de la Historia. Simplemente no existió su pasado.

Estos son los peligros de la desmemoria. No sólo estar condenados a repetir los hechos por desconocerlos. Sino el peligro de no saber reconocerse uno mismo ni delante del espejo.

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