Cosas de Cádiz
Manolo Sánchez

Los tres ases del maremoto de Cádiz de 1755

Aparte de las conocidas historias de la Virgen de la Palma y la Virgen del Rosario que frenaron la fuerza destructora del maremoto, también hubo una tercera imagen más desconocida que intervino en el suceso como fue el Cristo de Limpias, y que en la actualidad se encuentra en Cantabria con numerosos milagros en su haber
Manolo Sánchez
15/06/2018
Cádiz

El 1 de Noviembre de 1755 la ciudad de Cádiz sufrió uno de los días más agónicos (sino el que más) de su historia. La naturaleza daba la voz de alarma. El mar se echaba a sus centros, las aves huían en tropel y el horizonte vislumbraba malos augurios. Era el día del maremoto.

Las aguas entraron por la ciudad provocando el pavor en los vecinos. Alborotados salían a las calles o subían a las azoteas buscando refugio y clamando al cielo. Pero no hay nada en el cielo que no tenga su antesala en la tierra, por lo que la ciudad decidió sacar a la Virgen de la Palma y la Virgen del Rosario para detener el desastre… Pero no fueron las únicas tallas. Hubo una tercera que nadie nombra: el Cristo de Limpias.

Fue Diego de la Piedra, natural de Limpias en Cantabria, venía desde Perú para trabajar como comerciante en la casa de Jerónimo Ángulo, conde de San Isidro. Se hace de poder y dinero en la ciudad, lo que le granjea una mejora sustancial en el status y las relaciones. Tanto que decidió encargar un cristo, para su refectorio particular dicen unos o para la iglesia de San Francisco, según otros. La cosa es que ese infausto día los franciscanos sacaron al cristo, que al entrar en contacto con las aguas las hizo retroceder.

Una vez falleció Diego de la Piedra el Cristo se envió a la localidad de Limpias, donde hoy reside y tiene en su haber numerosos milagros. Solo que allí es llamado como Cristo de la Agonía.

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